selección

Sinsentido

Lucas Bragán

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Código: 2338

Precio: $890 / None

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Selección

Este disco fue seleccionado en setiembre de 2021 como disco del mes .

Temas

  1. 1. Bosque de Goenia

  2. 2. El vuelo del Moscardini
  3. 3. A les muchaches del 36
  4. 4. Falsa correspondencia
  5. 5. Vals del nuevo mundo
  6. 6. Bella primavera/bello fuego
  7. 7. Quiero decir
  8. 8. A veces me canso
  9. 9. No era el momento (y apareciste)
  10. 10. Al fin llegó
  11. 11. Gato cangrejo
  12. 12. Sos un loyi
  13. 13. Volver a enamorarse
  14. 14. Vals nro 2
  15. 15. El último invento
  16. 16. A la sombra
  17. 17. Canción de cuna nro 2

Ficha técnica

MÚSICOS

Lucas Bragán: guitarra, voz, guitarra acústica en 8 y 9, guitarrón en 3, 6, 12 y 15

 

Invitados

Daniel Schneck: guitarra, voz y coros en 3, 6, 12 y 15, guitarra en 11, coros en 8
David Carrazana: guitarra, voz y coros en 3, 6 y 12
Andrés Bustos: bombo, percusión y efectos en 4 y 7
Pedro Bragán: piano en 4, acordeón en 7, coros en 8
Guille Airoldi: voz en 4 y 11, trombones y coros en 8

Y muchos más...

TÉCNICA

Grabado, editado, mezclado y masterizado por Martín Telechanski entre septiembre de 2020 y julio de 2021

GRÁFICA

Arte de tapa: Juan Martín Damiani
Diseño: Fernando Sanz

FORMATO

Cajita de plástico con librillo de 4 páginas

Sello

Club del Disco

El guitarrista, cantante y compositor Lucas Bragán presenta un álbum que combina dulzura y corrosión en partes iguales, con doce canciones y cinco temas instrumentales llenos de novedad, humor y tradición al mismo tiempo. Es un placer dar a conocer a este artista con un trabajo que no pasará inadvertido para quien lo escuche.

Con este disco de Lucas Bragán ocurre algo que no es habitual, al menos en estos tiempos plagados de cantautores: se reconoce una voz completamente novedosa, tanto por su lírica como por sus inesperados giros armónicos. Sus progresiones huyen del lugar común con elegancia, pero a la vez hay en sus melodías algo que las hace muy cantables y fácilmente recordables. A Bragán lo conocíamos como guitarrista y, si bien este no es su primer álbum como solista, los socios del Club lo recordarán por Mayor y menor, el disco de Los Hermanos Bragán, dúo que conforma con su hermano Pedro, pianista. Allí no faltaba el humor y las especies tradicionales argentinas y rioplatenses. Ahora, casi ocho años después de esa grabación y en solitario, Lucas redobla la apuesta y va con el cuchillo hasta el fondo: es más ácido por momentos aún, y también se anima, por momentos, a salir de las formas tradicionales.

Hay algo de la irreverente cancionística porteña de fines de los años 60 cuando escuchamos a Lucas solo con su guitarra, no sólo por la originalidad de sus letras sino por el sonido de su voz y su instrumento. Algo del espíritu libertario de Brassens que acá se corporizó en Jorge Schussheim, en Jorge de la Vega, y luego, un poco más tarde y del otro lado del río, en Leo Maslíah. Ese espíritu iconoclasta en el que el humor juega un rol fundamental va de la mano en sus creaciones con una técnica guitarrística magistral y con un conocimiento de las formas y estilos que le aportan una base muy sólida sobre la cual pararse.

La dulzura fantasiosa y algo psicodélica de Bosque de Goenia, el arranque del disco, da lugar a un instrumental inclasificable, El vuelo del Moscardini, homenaje al gran guitarrista, que a su vez da pie a uno de los hits del álbum, A les muchaches del 36, que pese al inclusivo título es todo lo incorrecta políticamente (en sentido estricto) que puede ser una canción, abogando por el odio y la destrucción de la sociedad con una música que por momentos desmiente esa ferocidad descarnada.

Otra línea en la que el humor está presente es la que conforman la murga (con coro y todo) A veces me canso (track 8) y El último invento (15), en las que se mete sin filtros con dos problemáticas de los músicos "independientes": la taquilla en las presentaciones y qué hacer con los discos que se fabrican. Por otro carril, más directo y corrosivo aún, va Sos un loyi (12), en el que ataca a los que cultivan el tango electrónico. Pero también hay lugar para canciones en las que no hay ironía ni furia, como No era el momento (y apareciste) (9) o Al fin llegó (10), o un bolero como Volver a enamorarse (13) en el que hay una mirada genuinamente esperanzada (y enamorada).

Los cinco temas instrumentales funcionan como pausas entre tanta vorágine, se los puede pensar como separadores pero se sugiere prestarles atención porque tienen muchísimo valor propio y le terminan de dar equilibrio al álbum, que no es solo de canciones. Los numerosos invitados colaboran para darle colores a las canciones; son muchos, pero vale destacar a Daniel Schneck, David Carrazana y Guille Airoldi porque aportan guitarras, trombones y sus voces en varios momentos clave del disco. Mención especial para lo que aporta Julián Solarz desde el piano (también grabó la percusión) en Volver a enamorarse.

El sonido, a cargo de Martín Telechanski, que grabó, mezcló y masterizó el disco, recuerda mucho a esos álbumes de canciones de medio siglo atrás que tanto nos gustan, con la dosis justa de cámara. 

Club del Disco

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PARA MÚSICOS

 

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