
El joven autor nos deja aquí sus impresiones, a la luz de sus canciones, que lo revelan de cuerpo entero. Le llegó el día al compositor que viene de la noche…
¿Podrías contarnos a qué se debe el nombre del disco? ¿Qué vínculo tenés con lo nocturno?
El nictógrafo es un aparato que inventó Lewis Carroll para escribir en la oscuridad. No conozco su funcionamiento, pero cuando surgió como concepto me pareció que describía muy bien la historia de estas canciones. Las canciones no quieren ser oscuras, todo lo contrario, evocan la luz desde la oscuridad en la que surgieron. Muchas tienen menciones de luces y sombras, la luna, el sol, proponiendo esas y otras ambigüedades permanentemente. Existe un libro del poeta Arturo Carrera que se llama Escrito con un nictógrafo, un amigo poeta me lo sugirió como nombre.
¿Estas canciones fueron escritas para la formación actual, o ya tenían su historia?
La mayoría tienen varios años. No fueron compuestas con la conciencia de que algún día alguien las iba a escuchar. Muchas las hice cuando tocaba en QUE (grupo de rock en el que cantaba y componía antes), sabiendo que no daban con ese formato. Terminaban siendo temas que cantaba para mí, que surgían de una manera muy natural, en ningún momento de la composición pensé en el que escuchaba como alguien que me condicione. Porque nunca existió ese oyente imaginario. La instrumentación original era “guitarra y voz”, desde ahí me imaginé miles de orquestaciones, bandas enormes, con cuerdas, caños, hasta que decidí ir a lo posible y armé el trío con Gaspar y Roy, para tocar en vivo, y trabajamos mucho basándonos en el trabajo que ya hice en la guitarra.
Las temáticas de la obra, ¿son realmente autobiográficas o se trata de juegos literarios?
Siempre comienzo una canción de manera muy instintiva, catártica. Después, mucho más tarde, aparecen los juegos literarios, la búsqueda de una idea arquitectónica que sostenga la letra y la música, y que respete el lugar y el espíritu con el que surgieron.
¿Cómo fue el proceso de grabación del disco?
Primero teníamos el trío que sonaba muy bien en vivo y surgió la idea de grabarlo. Quería que haya un criterio de producción más profundo que grabar el vivo, un lenguaje que le dé identidad propia de álbum. Y tampoco quería hacer un disco que suene “casero”. Tardé en darme cuenta que el productor tenia que ser yo, nunca había ocupado ese rol, cuando lo asumí me puse a laburar mucho para tratar de que no se me escape nada. Ahí conocí a Tatu Estela, el técnico, con quien “pensamos” la grabación, en cuanto al tratamiento del audio. Hice la preproducción en casa, a prueba y error, hasta que encontré una forma de instrumentar y producir cada canción escuchando lo que la música me pedía, y dispuse de los invitados que quise, gente que admiro muchísimo. Hicimos una sesión en el estudio El Santito grabando al trío en vivo, y después tuvimos siete sesiones grabando de a un instrumento en Papel Groove, el estudio de Tatu, con dos micrófonos Neumann y preamplificadores que alquilamos especialmente. Hay tres temas (Otoño, Nadie en el espejo y Tanto) que fueron grabados canal por canal de a un instrumento. En Otoño, grabamos de a uno, más de 60 canales. En los nueve meses que duró todo el proceso, el disco fue creciendo muchísimo, superando las ambiciones con las que empecé, y exigiéndome más a la vez, poniéndome obsesivo con el detalle.
El formato y sonido acústico, ¿fue una elección estética o por necesidad?
Fue una elección. Me hubiera resultado mucho más fácil hacerlo de otra manera. Busqué un lenguaje que no sea “moderno” hoy y mañana “anticuado”. Preferí hacer algo más atemporal, más natural, y lo acústico te da eso. De todos modos, tiene algo que lo hace sonar actual, en la calidad del audio, y en el trabajo de edición, tiene partes loopeadas, cosas muy sutiles, no tan evidentes. Fui consciente siempre de que no quería un “unplugged”, que remite a otra cosa.
¿Nictógrafo es el punto culminante de un proceso o el principio de algo nuevo para vos?
Lo veo como el cierre de una etapa muy larga y muy intensa. Con la salida del disco, sale a la luz algo que me guardé mucho tiempo. Y me queda guardado mucho más. Igual, seguramente con esto también está empezando algo, aunque no tengo idea de qué se trata
¿Qué artistas o disciplinas son influencia en tu trabajo?
En este trabajo en particular la influencia nueva vino del lado de la música folklorórica de acá y de otros países, no en lo que respecta a lo técnico o estructural, tampoco a lo tradicional, sino a la búsqueda que suelen tener los artistas folklóricos, de cantar para reencontrarse con cierta esencia perdida. Después las influencias que tuve siempre, las que tenemos los músicos que vivimos acá, donde llega música de todos lados.
¿Cómo ves la escena actual de la canción argentina? ¿Pensás que tu trabajo se inserta en ese contexto?
Siempre escuché mucha música de acá. Hoy, en lo masivo no encuentro muchas cosas que me atraigan. Pero en el ámbito independiente están pasando cosas súper interesantes, muchos cantautores con propuestas muy personales, la soledad del cantautor muchas veces lo obliga a ser él mismo, a fingir menos, a mostrar su locura de manera más natural. Eso en el contexto de la industria masiva de la música, que tiende a ponerle edulcorante a todo, puede tener una fuerza contracultural increíble. Y creo que el disco puede entrar en este contexto perfectamente. Yo no armé este proyecto con la intención de formar parte de un movimiento, no conocía casi a ningún cantautor cuando salí a tocar estos temas, pero siento que tengo muchas cosas en común con la mayoría de ellos.
¿Qué tipo de escucha del disco recomendarías a los oyentes?
Con el librito del CD en la mano desde principio a fin, a buen volumen.
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