
Por teléfono desde su Montevideo natal, este talentoso murguista habló con el Club del Disco acerca de su historia de murga, tango y rocanrol. Además de lo que significa la aparición de su primer trabajo como solista, editado en ambas orillas del Río de la Plata.
¿Cómo recordás el ingreso de la murga en tu vida?
Desde muy temprano, viví en un barrio con muchos tablados y mi papá me llevaba siempre al tablado. A los nueve años nos mudamos al barrio “La Comercial” que era de una cooperativa de viviendas, en el que integré una murga de niños, llamada El firulete, que después pasó a ser la murga Contrafarsa, a fines de la década del ’80.
¿Por qué rocanrol como nombre del disco? ¿Cuánto tiene que ver el rock con tu formación como músico?
La palabra está utilizada en una acepción diferente a la del género rock and roll. Considero que la murga, en su vivencia, comparte con el tango una actitud parecida a la del rock: la manera de cantar, de dónde proviene… Cuando uno ve una murga en vivo tiene “rocanrol”. De ahí el nombre del disco.
¿Cómo viviste el giro desde tu trabajo como murguista y director al rol nuevo de cantautor que mostrás en el disco?
Paralelamente a la murga, hace doce años que vengo acompañando a otros músicos como percusionista. Hace mucho tiempo que debido a estar en el carnaval y a otros proyectos, nunca me había sentado a terminar el material que tenía o a trabajarlo; hasta que hace un par de años (de fines de 2006) me hice el tiempo y me puse a grabar, porque tenía ganas. Me tomé todo el proceso con mucha alegría. Me siento muy cómodo en este rol.
¿Considerás que más allá de las diferencias y matices que encontramos en ambas orillas es posible hablar de una música rioplatenese?
Yo creo que sí. En algunos géneros sucede que están las mismas influencias, tal vez nosotros tengamos un poco más de influencia de la música negra. Pero sí, y no sólo en la música, sino que en el lenguaje común también.
¿Cuándo nació tu faceta como compositor?
En 1996 escribí mi primera canción, que era el saludo de presentación de una murga. A partir de allí empezó a salir en mí como una veta compositiva, más que nada para el carnaval. También hice la música de una obra de teatro, Murga madre, que hicimos con Pablo “Pinocho” Routin hace un par de años, y eso fue como otro empujón.
¿Qué podés comentarnos respecto de la grabación del disco y de las decisiones tomadas a la hora de concebir el sonido de Rocanrol?
Junto a mí en la producción artística trabajó el mismo ingeniero de grabación que el del CD de Murga Madre, Luis Restuccia. A medida que se fueron dando las composiciones, de acuerdo al carácter y adónde me llevaba la canción, elegí a los instrumentistas y los cantantes que grabarían en cada una.
¿Si tuvieras que destacar un legado musical del cual te consideras heredero, cuál sería?
La murga, sin dudas. Y por otro lado, he tenido la suerte en estos años de encontrarme con mucha gente: autores, instrumentistas, letristas, que me han aportado mucho y siento que eso está también adentro del disco. Soy un agradecido, por haber encontrado a toda esa gente en el camino.
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