Según su Constitución, la República Argentina es un país federal. Si esto realmente se cumpliera al pie de la letra, no haría falta explicar qué es el Instituto Superior de Educación Artístico-Musical "Domingo Zípoli", nombre del establecimiento provincial que alberga a la Escuela de Niños Cantores de Córdoba. Porque se trata de un proyecto que ya lleva más de medio siglo de existencia y que es un orgullo para todos los cordobeses. Allí los niños ingresan luego de una prueba en edad de preescolar y egresan al terminar el secundario con un título de preparador de coros y muchísima experiencia musical (no solo vocal) en sus espaldas. La música coral es parte fundamental de su formación, obviamente, pero es una escuela de jornada completa, por lo que comparten todos sus días durante años. No es casualidad entonces la excelencia de los elencos musicales cordobeses (hay tres coros profesionales y orquestas de muy buen nivel) ya que son alimentados en gran parte por el Zipoli.
El coro que grabó este disco, dirigido por Guillermo Pellicer, es uno de los cuatro integrados por alumnos que cursan de 6º grado de primaria a 3º año de secundario en la Escuela de Niños Cantores. Es decir que tienen entre 11 y 15 años, con un promedio de edad inferior a muchos de los así llamados “coros de niños” que hay en el país y que permiten a sus cantantes femeninas a veces permanecer hasta los 18 años en sus filas (ejem). Es bueno aclarar que suenan como niños: niños muy afinados y expresivos, y los textos, todos en castellano, se entienden con absoluta claridad. Siete de las trece canciones que integran este disco son obras de Carlos Guastavino. Algunas de ellas, nunca antes grabadas por coro de niños, ya que son arreglos especialmente escritos para el coro por Guillermo Ostaschinsky, pianista argentino radicado en Munich. Todas las obras de Guastavino (tanto las tres canciones que abren el disco como el ciclo de Indianas que lo cierran, brillantemente) tienen acompañamiento de piano, a cargo del muy talentoso Eduardo Gramaglia.
Además de las siete piezas del compositor santafesino, incluye seis canciones que se podrían dividir en dos secciones. Primero, una obra original de los chubutenses Daniel Garavano (músico) y Virgilio Zampini (poeta); luego una hermosa obra de Emilio Dublanc y Mi burrito cordobés, verdadero hit de este coro y pieza muy representativa de Córdoba. Después vienen tres tangos, entre los que se destaca Sur. Ya quisiera más de un cantante adulto lograr el fraseo que logra este coro de niños en esta muy buena versión del clásico de Troilo y Manzi.
En suma, un recorrido por la geografía musical argentina de muy buen gusto. Mucha música, diferente y de calidad, involucrando la labor de grandes talentos todavìa niños, y maestros comprometidos con el arte. Una experiencia colectiva única, de gran valor artístico, y que nos deda contentos por el futuro de la canción argentina...
Producido por Diego Lenger y Guillermo Pellicer


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