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Última parte del diálogo con Ramón Ayala y Cecilia Pahl

Misioneros del canto II

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Una luminosa tarde de primavera en la casa de Ramón Ayala, en San Telmo, Germán Andrés tuvo un intenso diálogo, alimentado a mate y budín de naranja, con el compositor Ramón Ayala y la cantante Cecilia Pahl, quien recientemente grabara Corochiré, un disco con obras de este prócer vivo del folklore. Esto es la segunda y última entrega de esa charla.

> Ver la primera parte de la entrevista, clikc acá

Germán Andrés: Cecilia, ¿cómo fue la elección del repertorio para el disco?

C. Pahl: De base hay una conexión emocional, de gusto y de sintonía. Luego tuve en cuenta tres aspectos: A) que las obras fueran compuestas, letra y música, por Ramón. B) que fueran inéditas o poco conocidas, para poder aportar a la difusión de la obra. Y C) que la temática de las obras abordara ritmos y letras referentes al litoral.
G A: Y vos como cantante, ¿desde donde te relacionas con la obra musical de Ramón?
C P: Desde la emoción que me produce su poesía, desde ese paisaje común, desde esa identificación con el lugar, con sus habitantes, y la exuberancia de la naturaleza. La poesía de Ramón nos involucra de inmediato con ese territorio visual y sonoro. Y uno siente que repite la vivencia de ese mundo conocido y propio.

G A: Estaba pensando en eso de lo conocido, lo simple de la vida, de un cruce que me parece hay en las canciones de la obra de Ramón. Tienen una simpleza, pero no son fáciles. Yo vivía en Entre Ríos y por la radio las pasaban y me las acuerdo, las cantaba mi abuelo, mi padre, yo, mis sobrinos. Son canciones directas, simples; diríamos. Pero a la vez tienen una complejidad ahí adentro... Entonces, ¿cómo sienten o cómo creen que se puede llegar a eso?; a saber cómo amalgamar esa simpleza con la complejidad del arte.
Ramón Ayala: Yo diría que es difícil ser simple. Porque para ser simple hay que ser complicado... Claro, porque hacer las cosas difíciles lo hace cualquiera. El que se las cree… y las retuerce, las enturbia… Pero hacer las cosas simples es llegar a la síntesis. ¿La síntesis qué es? es la simpleza total. C P: Pero después de un ejercicio, ¿no?
R A: Y sí, querida, porque esa simpleza tiene un mundo abajo, como el iceberg, tiene una cúpula afuera del agua y abajo un gran cuerpo, que es lo que sostiene esa puntita que se ve. La síntesis. Pero abajo hay un cuerpo enorme. Porque si vos decís (y recita): “algo se mueve en el fondo del Chaco boreal, sombras de bueyes y carros buscando el confín, lenta mortaja de luna sobre el cachapé, muerto el gigante del monte en su viaje final”. Ahora, en esa cuarteta hay un universo, entonces, para decir esa cosa simple hay que trabajar mucho, hay que rasgar mucho, romper mucho para poder dar esa sensación de inmensidad con cuatro palabras. Eso es dificilísimo, es lo mismo que pasa con la pintura.
C P: A mí me conmueve también mucho en esa simpleza, por ejemplo, hay un tema que adoro, “Antiguo barracón”, que relata sobre este pequeño pueblo de Misiones que se llamaba Antiguo Barracón, ahora ya se lo cambiaron, y en un momento la letra dice: “el punto más oriental de la Argentina”, Ramón le canta a este lugar y dice: “por la frontera de oriente anda el silbido del duende, por la frontera de oriente, yo voy. Antiguo barracón, sombra de Pepirí, canta mi corazón por ti”. Básicamente, la frontera de oriente es maravilloso, encontrar ese detalle, del extremo del mapa, el límite, el punto más oriental del país. Hay una simpleza total, sin embargo dice tanto...

G A: Y en Misiones, ¿qué piensan que pasa ahora con la música de allí?

R A: Bueno, para mí Misiones está en una transición. Es una provincia muy joven, recién se están dando cuenta de que son provincia. Es tan joven, y está tan asediada o acosada por las fronteras que la limitan, como Brasil.
G A: Muy influenciados, ¿no?
R A: Claro, sí, sí. Vos tenés la frontera con Brasil, y gente que habla portugués ahí nomás, y canta con un acento portugués.
C P: Algunas palabras también, mezcladas.
R A: Usan palabras, sí. Por ejemplo para nombrar las cosas de la zafra de la yerba mate, “catanga” por ejemplo, es una palabra brasileña. Y tenés la zona de Paranaí que está también llena de todos los guaraníes, canciones guaraníes incluso. Y del lado de Corrientes tenés el chamamé, que avanza siempre porque hay una tradición en el correntino y de los misioneros que tocan el acordeón, que si no tocan no son chamameceros, pero no tienen la capacidad de crear para su tierra una forma incluso de chamamé. Pero entonces sale una Cecilia Pahl, ella. Hay alentar esta nueva voz, este nuevo sonido, esta nueva cara del paisaje. El paisaje misionero no tiene nada que ver con Corrientes ni con nada, tiene que ver con la voz cantante de la selva, del río. Si querés algo más misterioso y sugerente como la selva, no está, en nuestra geografía musical no está. Salvo el caso de “El mensú”, nadie había hecho nada, porque no han sentido, no han vivido, no se han metido con la sangre, con la mente, adentro de su propia tierra, siempre han estado de espaldas al país, a su provincia, mirando para Corrientes, para Paraguay o para Brasil.

G A: ¿Por qué el guaraní, esa idea del guaraní tan presente en el disco, por qué decidieron poner el nombre en esa lengua?
C P: Para empezar me parece una palabra muy musical, con poesía. Es una palabra que está llena de música. Además es la canción que más me emocionó de todo el disco, sintetizaba la idea general. Y en tercer lugar, por que uso en el título una lengua que no está muerta, que es el guaraní, que no es de nosotros, se habla básicamente en Paraguay, pero sí en la región guaranítica, en Misiones estaban los guaraníes, están todavía y había muchos más, en otras regiones, entonces de repente es como una especie de defensa de esa lengua, que a veces por despreciada, no quiere cruzar el río. Se quiere quedar sólo del lado de Paraguay. Por eso es importante para mí.

G A: ¿Sienten que todo esto tiene un riesgo artístico aún hoy?

R A: Sí... Está mostrando algo distinto, y no tiene que mostrarlo como si ya lo hubiese mostrado antes; si estás mostrando algo nuevo tenés que mostrarlo en la raíz, para que pueda prender. Porque si vos mostrabas un tango por ejemplo, el tango primero a la manera de Piazzolla, no sabés lo que hubiera pasado; Piazzolla es una consecuencia, es la copa del árbol, son los pájaros, el viento; un árbol que ha crecido. Todos estos chicos que están estudiando música ahora, van a venir con el conocimiento en sí de los grandes músicos, de la música, no se van a conformar con ir y cantar, chic qui cha ca, les va a gustar el chamamé, pero no se van a quedar con “El toro” ¿no?. No, van a escuchar más música.... Entonces la única música que se puede expresar, que se puede encontrar, es la que estamos haciendo. Yo tengo una máxima, que no sé si es máxima o mínima, dice así: el talento, sin el conocimiento no es instrumento. Vos podés tener grandes condiciones, pero si no las desarrollás te vas a quedar siempre en el arranque.

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